La historia de mi Citroën GS Club es casi la historia de mi vida. Me ha acompañado, literalmente, desde el momento de mi nacimiento. Hasta los 14 años fue el único coche de la familia, y después aguantó como pudo hasta que me saqué el carnet a los 20 y desde entonces no he parado hasta devolverle su aspecto de origen. Esta es nuestra historia.

Albacete, 23 de septiembre de 1977, por la tarde. Salía del concesionario oficial Citroën nuestro flamante y nuevo GS Club. Mi padre lo cambió por su viejo Seat 850 especial. Doce horas después el coche hizo su primera salida para ir al hospital: mi madre estaba de parto. Desde entonces, algo especial me une a él. La lista de anécdotas con nuestro GS es casi interminable, desde perder el tubo de escape por la carretera o quedarse sin frenos en la autopista hasta un aparatoso accidente en el que un Seat 600 se incrustó en el maletero. Sin embargo a todas ellas ha respondido bien y ha sido capaz de terminar todos los viajes sin peligro para nadie.
Pero no es mi intención aburrir a las visitas con nostálgicas historias vividas en compañía de nuestro GS. Solamente diré, que desde que en el 98 me saqué el carnet y me hice cargo de él (mi primer sueldo fue para unos palieres) he invertido en este coche más de lo que cualquiera en su sano juicio hubiera pagado, pero quien tenga uno y lo aprecie como yo aprecio a mi Citroën GS comprenderá mis motivos.

A raíz de que a principios de 2003 fijé mi fecha de boda para el verano de 2004 ha sido cuando me he decidido a dejarlo de nuevo impecable, ya que en una fecha tan especial sólo podría ir a la iglesia montado en ese coche que tanto ha significado para mí y que me ha acompañado en todos los momentos de mi vida.

A decir verdad ha sido más una reparación a fondo que una restauración. El estado de conservación del coche era bastante malo ya que en los doce años que hemos vivido en Gran Canaria, siete de ellos los ha pasado en la calle y eso ha hecho mella en la chapa, que estaba bastante tocada por todas partes. De hecho, se han cambiado las cuatro puertas y el maletero pues su estado, como podrá apreciarse en las fotos era bastante penoso.

También en algunos puntos del chasis la corrosión había hecho su aparición, afortunadamente, como tambien se ve en las fotos, los chapistas han hecho bien su trabajo y el resultado salta a la vista.

Antes y despues
La verdad es que tuve suerte con dos de las puertas y el maletero, ya que encontré un donante en el desguace que estaba impecable y pude aprovechar bastantes piezas antes de que lo prensaran por sorpresa cuando me había decidido por llevarme tambien el motor. Los asientos que le pondré cuando esté terminado también son del mismo donante; y tengo en casa el volante como repuesto porque está francamente bien. Si no llega a ser por ese coche y un par más de los que aproveché lo que me faltaba, la reparación habría sido mucho más difícil, pues a la dificultad natural para encontrar piezas, se une que el servicio oficial Citroën de repuestos no hace demasiado aso a los jóvenes que vamos buscando piezas de coches tan viejos.
Por fín, desde que entró en el taller la primera semana de noviembre, hasta que estuvo terminado, pasaron casi seis meses, pero ha valido la pena sólo por ver el resultado. Quisiera dar las gracias desde aquí a todos los que le han metido mano para dejarlo tal y como aparece en las fotos.

Por fín llegó el gran día y así es cómo quedó el coche una vez decorado para la boda. Cuando tenga el resto de las fotos, las pondré en una galería aparte.
